Maneras de la vida
(Tribuna Universitaria, 14oct08)
Has vuelto dando un paseo. Hacía sol, quizá el último sol del verano, porque ya habías visto en las noticias que un frente frío amenazaba la parte occidental de la península. Te has reído. De la parte occidental de la península, de las estupideces de la memoria. Del crío travieso que se ha llevado corriendo el carro de un mendigo a la puerta del supermercado, justo cuando te has parado a pensar si hacía falta algo para la cena, si comprar fruta, si hacer ensalada o pasta. Un poco más de trabajo, sí, pero un resultado más sustancioso. También un poco más de entretenimiento, claro, hoy que habría un reloj menos sobre la mesa. Luego has bajado por el quiosco a comprar alguna revista. No, de esas no, hace mucho tiempo que pasaron los quince años. Otra cualquiera, a ver si con eso se te pasaba el insomnio, que tratarías de leer un poco antes de acostarte, esta noche sí. Te has dado cuenta de lo vacía que estaría la cama pero lo a gusto que se duerme solo de vez en cuando, como cuando de pequeño te colabas en la de tus padres cuando se levantaban los fines de semana, como si tuvieras todo un océano para ti y lo que más te gustase fuera nadar. O bucear entre las sábanas, seguro de no ahogarte como no lo estarías jamás después. A la altura del metro has estado pensando en la gente que sale y entra, en lo poco que te gustan los rumanos que limpian de limosnas tu línea, aunque tampoco te terminan de agradar los peruanos, y mira que estos por lo menos trabajan, que tocan algo o hacen ganchillo, o lo que quiera que sea eso que te venden, que todo parecen ponchos. Bueno, Ana es peruana. Cómo había quedado Ana con Martín, aprovechando la excusa del proyecto, esa chica sabe lo que se hace y se la ve muy interesada, no pasa nada por fijarse ni porque te haya recorrido una cierta envidia cuando te has dado cuenta. Tú ya sólo te acuerdas por las canciones, como la de U2 que te ha rondado toda la mañana, still haven´t found... el verano en Dublín Sara y tú no dejabais de cantarla, sobre todo después del concierto. Ha sonado el teléfono:
- Su esposa ha muerto.
- Su esposa ha muerto.
Comentarios
me he quedado en silencio
(yo tb huia a la cama de mis padres, pero en noches de tormenta -y yo era como un rayo de rápida saltando entre los dos-)
Un placer empezar abriendo el Tribuna por el final.
distinto.